¿Y TÚ, QUÉ LE DAS A Él?
CANTARES 1:6, 7

Por Sara Betancourt, Iglesia de Dios Restauración, Oakland, California

El libro de cantares presenta una historia de amor puro y hermoso entre una mujer y un hombre. Este libro tiene un lenguaje simbólico y trata de la relación esposo (que simboliza a Cristo) y esposa (que simboliza a la iglesia).

La historia central nos indica que Salomón, rey de Israel tenía una viña en el Líbano y cuando fue a verla conoció a una mujer de Sunem conocida como la sunamita y se enamoró de ella. Pero ella huyó de él sabiendo que era indigna del rey por su condición de plebeya.

El rey, para ganarse a la doncella, se despojó de sus atuendos reales y se vistió como un humilde pastor para conquistarla y ganarse su amor.

Esta historia representa lo que Cristo hizo por nosotras. Él se despojo de sus vestiduras reales, de su riqueza y gloria y se convirtió en un humilde pastor y carpintero para dar su vida por nosotras, y El espera que nosotras correspondamos a ese amor.

Cantares nos cuenta que el rey Salomón quería intimar con la sunamita, estar a solas con ella y disfrutar de los jugos de la vid que ella había cuidado. Él anhelaba encontrarse con ella pero ella muy preocupada y desconsolada sólo podía decir: “Estoy quemada por el sol porque mis hermanos me presionaron para que cuidara sus viñas, ¡y mi propia viña descuidé!” (Cantares 1:6).

¿Por qué era tan importante cuidar una viña y qué símbolos encontramos en ella? La viña simboliza nuestra propia vida, el vino que produce la viña simboliza comunión con Dios y la alegría y gozo de estar con Él.

Esto nos indica que la sunamita había pasado mucho tiempo en actividades infructuosas y no se preparó para verse con su amado. Tristemente ella se dio cuenta que estaba vacía, y lo que es peor, sin el vino que tenía que compartir con su Rey.

Esto mismo nos puede ocurrir a nosotras si no tenemos cuidado. En mi diario vivir he visto a mujeres cristianas sumamente afanadas, con dos y tres empleos, llenas de compromisos y deberes de tal manera que las veinticuatro horas del día no son suficientes para todo lo que tienen que hacer, y en muchos casos no hay tiempo para intimar con nuestro amado Salvador.

Volviendo a la sunamita podemos reflexionar en algunas cosas que ella debió hacer para que su viña diera fruto:

1. Ella tenía que tomar tiempo para cercar su viña. La cerca protege la viña de los enemigos cercanos, entre ellos, las zorras pequeñas. Las zorras pequeñas destruyen las raíces de la vid, quiebran las ramas y se comen los frutos. Estos animales representan aquellas cosas que parecen muy insignificantes pero pueden dañar nuestra relación con Dios.

Los grandes pecados surgen de pequeñas faltas. Un poco de levadura leuda toda la masa; una pequeña locura hace necio al sabio (Gálatas. 5.6; Eclesiastés 10.1).

2. Ella tenía que tomar tiempo para quitar las piedras. Las piedras simbolizan aquellas cosas duras que pueden impedir nuestro crecimiento espiritual. Hay que arrancar la piedra del orgullo, la ira, el rencor, y los malos recuerdos. Dichas piedras se convierten en obstáculos para que nuestras raíces profundicen y demos mucho fruto (Efesios 4:31).

3. Ella tenía que tomar tiempo para edificar una torre. La torre nos permite ver los enemigos lejanos que pretenden acercarse a nuestra viña para dañarla. La torre Simboliza el discernimiento que nos permite percibir aquellas cosas que a simple vista no se pueden ver.

Tenemos que ser mujeres vigilantes (1ª Pedro. 5:8). Debemos velar en oración diaria, lectura y meditación de la palabra de Dios y estar atentas a su voz.

4. Ella tenía que tomar tiempo para cortar el exceso hojas que cubrían su viña. La abundancia de hojas impide que el sol penetre en la vid y sus uvas maduren.

Las muchas hojas simbolizan falsedad y vanidad. Podemos aparentar y engañar a los demás haciéndoles creer que somos espirituales o que tenemos muchas cosas buenas, pero a Dios no lo engañamos ya que El conoce las intenciones de nuestro corazón. Dejemos que el Señor corte todo aquello que impide que la luz de su Santo Espíritu penetre en nosotras a fin de que podamos dar frutos agradables a Él.

Jesucristo espera que así como El se dio por nosotras, tú y yo también nos entreguemos a El y demos frutos de servicio y adoración. Sólo podemos lograrlo cuando cuidamos nuestra viña y permanecemos unidas a Él (San Juan 15:5, 6).

Mantengamos presente que Cristo quiere tomar buen vino, no vinagre; uvas grandes y dulces, no amargas. Ojala nunca tengamos que lamentarnos como la sunamita, mas bien podamos decir: “la voz de mi amado se oye, y yo tengo preparado el vino de la comunión, alegría y gozo para intimar con Él.”


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