LANZANDO LAS REDES EN ESMERALDAS
Por Angélica de Millalonco 

Hace siete meses he llegado nuevamente a mi país después que el Señor me permitió estar junto con mi familia como misionera en Argentina durante siete años.  Mi esposo recibió el llamado para ser parte de un equipo en el establecimiento de una nueva obra en la Provincia de Esmeraldas, Ecuador.  Después de un período de ayuno y oración aceptamos la propuesta y aquí estoy junto a mi esposo y mis hijos.

Es una ciudad muy hermosa por sus paisajes, fauna y gente; aparentemente, si usted solo viene de visita o de vacaciones, pero si usted viene como misionero, pastor o educador cristiano se va a dar cuenta de que su atractivo turístico se contrasta con la prostitución, el alcohol, las drogas, la pobreza extrema.  Es una ciudad costera y turística; a pesar de ello sus habitantes viven con escasos recursos, dando espacio para que el espíritu de seducción, de fornicación, adulterio, orgullo, mentira e idolatría hagan estragos en la vida de las personas, tanto adultos como niños.

Un día caminando por la playa estaba orando y le decía al Señor que tenga misericordia de todas estas personas y que las salve; necesitamos un milagro grande para que ellos acepten el cambio que Cristo les está ofreciendo.  Al mismo tiempo en mi mente y corazón estaba la crisis que tenía mi hija de 7 años, hacía un mes se acostaba y se levantaba llorando porque quería regresarse a Argentina ya que el lugar no le gustaba, él cambió a esta nueva ciudad fue muy grande para ella; yo estaba muy angustiada y necesitaba una respuesta urgente de Dios, mire hacia ese ancho mar y me acorde de los apóstoles como ellos habían tenido una vida tan sufrida antes de conocer a Jesús y como Jesús los había llamado y había cambiado sus vidas y no sólo eso sino que les entregó una labor importantísima y entendí en ese momento que a más de ser una labor era un llamado, llamado que hoy nos sigue haciendo “Os haré pescadores de Hombres,” me sentí confrontada con esta frase que tantas veces había leído en la Biblia.

Regrese a casa y busque el pasaje y lo leí muchas veces, le di gracias al Señor porque Él me llevó a recordar este pasaje, que ahora es parte de mi vida y quisiera compartir con ustedes:

  1. “Mientras caminaba junto al mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos; uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés.  Estaban echando la red al lago, pues eran pescadores.  “Vengan, síganme—les dijo Jesús, y los haré pescadores de hombres.”  Al instante dejaron las redes y lo siguieron (Mateo 4:18-20, NVI).  Aquí los pescadores aceptaron el desafío del llamado.  Seguir a Jesús es “uno que va por el mismo camino.”  Hoy vivimos una sociedad tan individualista, cada uno tratando de imponer un nuevo estilo de vida.  Nuestra tarea es ayudar a descubrir el camino de Jesús a las personas que se encuentran transitando sin rumbo.  Seguir a Jesús no implica estar libre de conflictos, de enfermedades y todo aquello que padece toda persona.  Seguir a Cristo es tener la fortaleza para enfrentar el día a día, con la esperanza de un pronto encuentro con el Señor, apropiándonos de sus promesas en la vida presente.

  2. “…toda la noche hemos estado trabajando…” (Lucas 5:5).
  3. Cuando yo veo las lanchas de los pescadores que salen por las noches a alta mar, ellos viajan varias horas hasta llegar al lugar donde están los peces grandes, en medio de una noche tenebrosa, fuertes olas, y a veces con lluvia, se quedan toda la noche.  En la mañana cuando regresan con la pesca, sus rostros se ven agotados pero al mismo tiempo con alegría porque ese es su sustento económico.  Otras veces la pesca es escasa, que no llega a suplir los gastos ocasionados por la pesca.

    Todo su esfuerzo, experiencia, sabiduría sobre la pesca se ha puesto en práctica, pero aún así, no han obtenido resultados favorables.

    Esto me hace recordar que muchas veces no vemos recompensado nuestro esfuerzo en frutos; y me lleva a replantear nuestra labor frente al término “éxito.”  Hoy comprendí que el éxito no se mide por la cantidad sino por estar donde el Señor nos quiere tener y ser instrumentos en sus manos, esperando levantar las redes con abundante fruto, no con mis métodos, ni estrategias personales, sino en Su nombre.

  4. “…nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.  Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía…” (Lucas 5:5, 6).

    El fracaso de una noche sin pesca no desanima a los pescadores para volver a salir.  No debemos quedar atados al fracaso de ayer, cuando el Señor tiene tanto que darnos hoy, ya que si nos aferramos tanto al fracaso como a las victorias del pasado, estas no permiten proyectarnos al futuro.  Debemos rescatar lo mejor para nuestro aprendizaje.  Los pescadores salen a una nueva pesca aunque su anterior haya sido poca o mucha, deben continuar con su labor.

    Porque los pescadores creyeron en el Maestro y en Su nombre, la red fue lanzada por obediencia.  Según la experiencia del pescador estaría perdiendo el tiempo, pues nada habían pescado en toda la noche.

    Cuanto de lo que hacemos, lo realizamos en la confirmación y dirección del Señor.

    Al compartir el evangelio pongo mi experiencia, estudios, consejos de mentores; reviso estrategias para alcanzar a los perdidos, pero día a día busco la dirección del Señor siendo sensible a la voz de su Espíritu para entender su agenda y hacer bajo su guía lo que Él tiene para esta ciudad.

Conclusión

Aceptar el llamado del Señor es un privilegio.  Ser un discípulo que se multiplica en otros y seguir el mismo camino que trazo el Maestro.  Nuestra sapiencia, experiencia, estudios, todo nuestro recurso siempre debe obedecer a la voz del Maestro, en donde y cuando debemos lanzar las redes.  En el nombre de Jesús los hogares destruidos, ciudades cegadas por el pecado son transformados, no por nosotros sino por el nombre que es sobre todo nombre JESÚS.

Si bien el éxito es hacer y estar en la voluntad del Señor, también el texto me habla de abundancia cuando las redes se rompen.  El esfuerzo de cambiar de país, todo para estar aquí, es porque deseo ver muchas familias transformadas por el Señor.  Rogamos al Señor que llene las redes, aunque lleguemos cansados de trabajar, siempre estaremos atentos a su voz y hacer todo en Su nombre.

ANGELICA RODRIGUEZ DE MILLALONCO

PAIS:  ECUADOR—Provincia de Esmeraldas, Atacames

ESTADO CIVIL:  Casada (Su familia se compone de su esposo José Millalonco y de su hija Jennifer Abigail, tiene 7 años y de su hijo Ezequiel Ricardo de 5 años).

MINISTRO:  Exhortadora de la Iglesia de Dios.

ESTUDIOS MINISTERIALES:  Licenciatura en Teología del Seminario Sudamericano SEMISUD

ESTUDIOS SECULARES:  Administración de Empresas.

EXPERIENCIA MINISTERIAL:  Secretaria Ejecutiva del SEMISUD, Quito, Ecuador; junto a su esposo pastora y misionera en Argentina por 7 años y Profesora del SEBIMA en Buenos Aires, Argentina, actualmente misionera en la Provincia de Esmeraldas, Ecuador.

Mi esposo conversando con un pescador en las playas de la ciudad de Súa

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