CONSECUENCIAS DE LA PARCIALIDAD EN LA CRIANZA DE NUESTROS HIJOS
Por Alma de Girón

La mujer en el hogar ha desempeñado, a través de la historia, roles importantes; ante todo el de educar a sus hijos y trabajar en el desarrollo de las diferentes etapas de su crecimiento.  Esto pareciera algo simple, pero en realidad es uno de los desafíos mas grandes para la mujer en el hogar.  Durante la etapa de desarrollo y crecimiento de los hijos, hay muchos errores que se pueden cometer, y de hecho se cometen y muchas veces pasan desapercibidos debido a las múltiples tareas diarias que tienden a complicar la vida de la mujer.  Por ejemplo, cuando la enfermedad agobia a nuestra familia, nos preocupamos pensando que las mismas podrían tener efectos fatales en los miembros de la misma.

Otro factor que nos puede afectar es el comportamiento de nuestros hijos.  Si este es positivo, nos animamos, pero si es negativo nos desanimamos.  Nuestro estado de animo ira acorde a como nuestros hijos demuestren que han asimilado y están asimilando lo que les enseñamos, o mas bien están rechazando lo que nosotros consideramos importante, es decir, las enseñanzas, la buenas maneras, y las practicas constructivas que esperamos de ellos.

El caso de Rebeca me llama la atención, como un ejemplo bíblico de lo que hemos mencionado, es decir, cometer errores sin siquiera talvez darnos cuenta de ellos.  Rebeca deja ver un favoritismo muy marcado hacia uno de sus hijos (Génesis 25:28).  Indistintamente a cual fuese la preferencia de Isaac, ella se inclino hacia uno de sus hijos.  Rebeca venia de una buena formación familiar (su padre, su madre y su hermano parecían ser una familia integrada).  Además, habiendo sido estéril, Dios le dió 2 hijos.  No obstante parece increíble que ella no tenga la capacidad de amar a ambos por igual.  Por cualquiera que haya sido la razón, ella se inclinó por uno de sus hijos; posiblemente lo hizo basada en la respuesta de Dios sobre la lucha que sentía en su vientre cuando los niños estaban por nacer (Génesis 25:22-23).  El saber que el menor seria el mas fuerte la indujo a inclinarse a amar mas a Jacob.  Lo mas seguro es que se dedicaba a cuidarlo y a consentirlo mas que a Esaú.

En la vida práctica, hay tantas maneras de demostrar favoritismo hacia uno de nuestros hijos o nuestras hijas, descuidadamente marcándolo aun frente a los otros hijos.  El resultado de dicha actitud será siempre el mismo que vemos en estos dos muchachos del relato bíblico.  Creciendo, uno fue diestro para la caza, el otro fue más sedentario y hogareño.

La parcialidad de Rebeca es tal que cuando llega el tiempo en que la bendición correspondiente al primogénito, en este caso Esaú, iba a ser impartida por Isaac, ella aprovecha para inducir a su amado hijo a usurpar, con engaño, la bendición que pertenecía a su hermano mayor.  Por tres veces consecutivas Jacob miente a su padre afirmando que el era Esaú (Génesis 27:20, 21,24).  Al engañar a su marido, Rebeca se olvida que no podemos inmiscuirnos en la soberanía divina, mucho menos podemos engañar a Dios.  Dios haría lo que había prometido con Jacob no necesariamente valiéndose del engaño de Rebeca, el cual traería una rivalidad de muerte y una profunda fragmentación en el seno de su familia.

¡Hasta donde puede arrastrarnos la imparcialidad!  Cometer tan tremendos errores que transciende mucho mas allá de lo que imaginamos.  El error de Rebeca ha trascendido por generaciones, quien sabe, hasta el día de hoy.  Que tal si examinamos nuestras actitudes e indistintamente a cuantos hijos tengamos, o cuan amoroso uno o una de ellas sea, empecemos a amar a todos por igual.  Seguramente muchas heridas y conflictos generacionales serán evitados de esta manera.  Te invito a reflexionar y si haz cometido el error de Rebeca, puedas con la ayuda del Señor, reparar tu error pidiendo genuinamente al Señor para que te ayude a amar al hijo o hija que haz menospreciado.  Recuerda que el amor es la fuerza mas poderos para sanar las heridas del corazón.  ¡Dios esta de tu lado y él seguramente te llenará de amor!

Alma de Girón, Originaria de Guatemala, hispana/latina de Estados Unidos desde 1992.  Desde 1980 ha acompañado a su esposo en el ministerio evangelístico, el pastorado, en la educación nacional de la Iglesia de Dios en Guatemala, en el liderazgo internacional de COMIBAN (Cooperación Misionera Iberoamericana), en el liderazgo de COMHINA (Cooperación Misionera de los Hispanos de Norte América), y como misioneros educadores, fundadores del Seminario Teológico de Eurasia de la Iglesia de Dios en la ex Unión Soviética, residiendo por 9 años en Moscú, Rusia.  Ahora acompaña a su esposo en la dirección del Departamento de Ministerios Educacionales Hispanos de los Estados Unidos.  Tiene 1 hijo varón y 3 hijas y es una abuela feliz de 4 nietos.  Actualmente reside en Cleveland, TN.

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