
Ministerio y Familia
Por: M. Suyapa Luna
Iglesia de Dios Templo El Olivar
San Leandro, California
Introducción: El ministerio está directamente relacionado a la familia. Cuando el Señor llama al hombre para el ministerio es porque también trató con su familia. Dios ha establecido en su palabra parámetros, o requisitos básicos para ejercer el ministerio. El apóstol Pablo cuando le escribe a Timoteo sobre los requisitos de los obispos en (1 de Timoteo 3:4, 5) le dice lo siguiente: “Que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad. Pues el que no sabe gobernar su propia casa ¿cómo cuidará de la Iglesia de Dios? Esta declaración del apóstol Pablo sobre el ministerio lleva implícito la fidelidad en el matrimonio y en las relaciones familiares. Para el apóstol Pablo el ministerio está muy relacionado con la familia; y el éxito en el ministerio depende del buen testimonio de la familia.
Matrimonios Sólidos Producen Familias Fuertes: La iglesia está compuesta de familias, y la familia se inicia con el matrimonio. Por esta razón, el matrimonio de la pareja Pastoral y del liderazgo de la iglesia tienen que ser sólidos. Existen profesiones que no requiere que los que la ejecutan o practican requieran de ser modelos en sus matrimonios. Por ejemplo: Se puede ser un buen abogado, ingeniero, contador, psicólogo, médico, policía. Estas profesiones u ocupaciones no exigen como requisito tener un buen matrimonio. Sin embargo, no podemos ejercer un ministerio, si nuestro matrimonio no está en consonancia con lo que enseña la palabra del Señor, en referencia a los requisitos de los que ejercen ministerio. El apóstol Pablo cuando describe los requisitos que deben tener los Obispos señala lo siguiente: “Pero es necesario que el Obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio . . .” (1 de Timoteo 3:2). Esto significa que el ministro debe de vivir una vida conyugal sin tacha, que nadie lo acuse referente a su conducta sexual. En una sociedad que ha perdido los valores del matrimonio, que no tiene modelos, que el matrimonio lo ven como un simple contrato, se da el caso que pueden deshacer el matrimonio hasta por mutuo acuerdo de la pareja. La iglesia es la única institución que puede levantar el estandarte de los valores que rigen el matrimonio, que es idea y plan de Dios, las Escrituras señalan que fue Dios quien dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para el. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada varona, porque del varón fue tomada” (Génesis 2:18, 22, 23). Esta pareja recibió la bendición de Dios de fructificar, multiplicarse, llenar la tierra, y sojuzgadla, señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra (Génesis 1:28). El Proverbista escribió sobre la importancia para el hombre de encontrar esposa. “El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová” (Proverbios 18:22) El hombre que tiene una esposa ha recibido un bien de Dios. Es la siembra para iniciar una familia.
Familias Fuertes Producen Ministerios Crecientes: La iglesia requiere de familias bien fundamentadas en la palabra, para que faciliten el desarrollo de los ministerios. Levantar, dirigir, desarrollar una familia bajo los principios de la Palabra, siempre va hacer un trabajo difícil, pero no imposible. Cada familia debe tener quien la dirija. Dios le ha asignado esa responsabilidad al esposo de ser el líder de la familia. Su liderazgo debe de desarrollarlo con amor, amabilidad, y consideración hacia la esposa y hacia su familia. La responsabilidad que Dios le asignó al esposo como cabeza de la mujer incluye lo siguiente: (1) La provisión para las necesidades espirituales, materiales y domésticas de la familia. (2) El amor, la protección y el interés en su bienestar. (3) La honra, la comprensión, el aprecio y la consideración. (4) La absoluta fidelidad a la relación matrimonial. La fortaleza de una familia se fundamenta en el amor que ha recibido de Dios y de esta forma lo extiende a otros que no lo han recibido. El apóstol Pablo les escribió a los hombres cuando los invitó a amar a sus esposas (Efesios 5: 25). Dice: “Maridos amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a si mismo por ella.” Las familias se fundamentan en el amor, las familias que producen ministerios crecientes son aquellas, donde la cabeza del hogar decide servir al Señor. Josué fue un modelo cuando desafió a la nación de Israel, al decirles: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron nuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del rió, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24: 15). Cada creyente debe de decidir todos los días perseverar en la fe y obedecer al Señor Jesús, renunciar al pecado y a sus placeres. Por esta razón los padres de familias debemos de enseñar la Palabra a los hijos y si enseñamos la Palabra la familia la guardará.
Ministerios Crecientes Producen Iglesias Sanas: Vivimos en un mundo en constantes desafíos, la iglesia no está libre de estos cambios y desafíos. Nuestros ministerios son confrontados constantemente con un mundo que está gritando a voces, para que se le de respuestas a sus inquietudes, deseos, anhelos, que no encuentran respuestas a sus propias demandas, que el mundo les interroga. La iglesia requiere de ministerios que cada día estén creciendo, que respondan a un mundo que está en crisis. El apóstol Pedro hace un llamado al corazón de la iglesia, a la entrega y dedicación a Dios cuando les escribe lo siguiente: “Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa, con mansedumbre y reverencia ante todo aquel que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 de Pedro 3:15). Dios está interesado en que la iglesia lo conozca, reciban y vivan su Palabra, para que puedan sostener su fe, en un mundo sin fe y sin esperanza. Hay una necesidad de iglesias sanas en un mundo enfermo y confundido, iglesias que no vendan su fe, no empeñen sus ministerios. Que al contrario, que los ministerios glorifiquen al Señor, proclamen el reino de nuestro Señor Jesucristo, y que hagan retroceder a las tinieblas para que los hombres queden libres. Respaldemos los ministerios crecientes cuyos frutos nos están diciendo que están fundados sobre la roca que es Cristo Jesús.
Para que hayan iglesias sanas, se requiere de líderes sanos, discípulos que han nacido de nuevo, que viven para el Señor, cuya relación con Dios los lleva a repetir las palabras del apóstol Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado. Y ya no vivo yo mas vive Cristo en mi; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Lo que el apóstol Pablo está diciendo es: Los que tienen fe en Cristo viven en intima relación con Él, los que hemos creído en Cristo el pecado ya no nos domina, los que han sido crucificados con Cristo ahora viven con Él en su vida resucitada, el creyente participa en la muerte y resurrección de Cristo mediante la fe.
Iglesias Sanas Impactan Sociedades: Las iglesias sanas en su fe, sanas en su doctrina, sanas en su gobierno, sanas en sus ministerios, estas iglesias, están fundadas sobre la roca que es Cristo Jesús. Estas iglesias impactan las sociedades que ministran. Estamos viviendo en tiempos peligrosos, hay un mar de ofertas sobre fe, con una carencia de fundamento bíblico, con un sistema de gobierno de absoluta obediencia a los hombres y no a Dios. Las iglesias que impactan las comunidades donde están ubicadas, son iglesias que el fundamento de sus ministerios es la palabra de Dios y que el Espíritu Santo las dirige. Las iglesias sanas son el resultado de un ministerio bien intencionado, estas iglesias han sido fundadas con el propósito de evangelizar a los perdidos, que tienen pasión por los no alcanzados y por los pueblos poco evangelizados. Las iglesias sanas que impactan las comunidades que ministran, tienen tres elementos necesarios, que producen cambios en los corazones de los hombres: (1) Tienen una predicación poderosa centrada en la palabra de Dios. Pablo lo enfatiza en 1 de Corintios 2:4, 5, “Y mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.” (2) Tienen una sólida enseñanza, que alimenta a la congregación y la inspira a vivir para el Señor, y la iglesia se hace fuerte en la palabra: Marcos 1:21-22, “Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (3) Tiene una alabanza (Música) exquisita, que edifica al creyente que se reúne para adorar a Dios. Pablo aconseja a los Corintios cuando les escribe lo siguiente: 1 de Corintios 14:15b “. . . Cantaré con el espíritu, pero cantaré con el entendimiento.”
Conclusión: El ministerio y la familia están directamente relacionados. La familia sostiene al ministerio y son los matrimonios sólidos los que producen familias fuertes, y con familias bien consolidadas y establecidas; tendremos ministerios crecientes. En torno, estos ministerios levantarán iglesias sanas, y serán estas iglesias sanas las que impactarán las sociedades porque el espíritu del Señor dirige y está sobre estas iglesias.