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LA PASIÓN DE JESÚS
Por Aída M. Leyva
El Evangelio de Marcos refleja prontitud, continuidad y prisa…muy seguido encontramos en su lectura términos como: Luego; después; pasando de allí; entonces; muy pronto; muy de mañana; tan pronto terminó, etcétera. Esta es una característica de “keep going” muy bien captada por el escritor del Evangelio de San Marcos. Efectivamente, creo que si hubo alguien que entendió claramente los propósitos de Dios para su vida, fue Jesús. Tenía muy clara la película de que su tiempo era breve.… Y a través de las líneas de los Evangelios, notamos la agenda cotidiana del Señor. Vemos también cómo Jesús se levantaba muy de mañana, siendo aún obscuro, y no paraba sus actividades hasta ya entrada la noche. Se le ve constantemente trasladándose de un sitio a otro con la consigna de anunciar el Evangelio del Reino…recorriendo pueblos, villas y aldeas de las distintas Provincias de la tierra santa. A veces caía tan cansado que utilizaba un duro cabezal como almohada y las asoleadas tablas de proa de un barco viejo como cama-colchón para tomarse una siesta, ventilado con el abanico de una fuerte tormenta que amenazaba con arrancar no solo la vela, la proa y hasta la quilla del barco, sino la vida de sus asustadizos discípulos.
De hecho Mateo registra las siguientes declaraciones: Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Al ver las multitudes tuvo compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor (Mat. 9:35-36).
Quienquiera puede notar una intensa pasión en la vida y obra del Señor Jesús. La pasión tiene que ver con amor intenso. Y es ese amor el que movió a Dios a darlo todo y al Hijo de Dios de darse todo por nosotros en el más cruento de los homicidios ejecutados en la historia de la humanidad. Esa es la misma pasión que movió al más grande de los Apóstoles de la iglesia del primer siglo, que autonombrándose “pequeño”—el significado del nombre Pablo, declaró “el amor de Cristo me constriñe” (συνε´χει –sunéxei = me compunge, me mueve, me impulsa a…) (Rf. 2 Cor. 5:14).
Como también dijera la monja y poetiza mexicana: “…Tú me mueves Señor, muévete el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte.…”
La pasión del Señor Jesús fue tal, que irrumpió en el escenario de la historia humana declarando “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed al evangelio” (Mr. 1:15). Inauguró su ministerio llamando a los hombres a venir en pos de Él y los convertiría en pescadores de hombres (Mr. 1:17)—Ganadores de Hombres y Mujeres. Continuó su ministerio entrenándolos y enviándolos de dos en dos a buscar a las ovejas perdidas de Israel y predicarles el Evangelio del Reino de Dios. Y concluyó su ministerio indicándoles que no salieran de Jerusalén hasta que fueran investidos de poder para ser testigos empezando en Jerusalén y Judea, luego Samaria y hasta lo último de la tierra.
Al considerar la pasión e insistencia del Señor Jesús de predicar acerca del Reino de Dios, toda persona inteligente debiéramos hacernos al menos dos preguntas:
1. ¿En qué consistía y consiste esa fuerza imponente que lo impulsó a insistentemente predicar el Evangelio del Reino, sobreponiéndose al rechazo, al maltrato, a la tortura injusta y hasta la muerte?
2. ¿Y qué es realmente el Evangelio del Reino de Dios?
Para responder a estas preguntas, propongo “reproducir los hechos” de aquella historia que produjo tanta pasión en Cristo y en aquellos que han logrado captar la visión y la pasión de Dios para buscar y salvar lo que se ha perdido.
Personajes participantes: Dios, hombre/mujer y satanás.
Dios celebraba el hecho de haber creado una criatura humana, poco menor que los ángeles, pero a Su imagen y semejanza. Lleno de amor le compartió al hombre toda la autoridad, potestad y señorío para sojuzgar sobre las obras de la creación. Tanto sobre las aves de los cielos, los peces del mar y sobre las bestias del campo. Todo lo dejó bajo su administración y cuidado. En una palabra, el hijo del Rey era Príncipe sobre toda la creación material relacionada con la familia animal y vegetal macro y microscópica. Por lo tanto, sobre su hombro ahora había un principado. El hombre era señor de todo lo creado en este mundo.
En el barrio rondaba un vecino malvado, enfermo de poder, frustrado de divinidad, codicioso, malo, perverso y experto en el engaño, la seducción y la mentira.
El hombre aún en su estado de inocencia solo conocía la luz, el bien, la paz, la armonía, el amor y el gozo.… Y conocemos bien la historia de la caída.
Aquel evento puso al descubierto una fase del carácter de Dios, el deseo de venganza. Pero, el Dios Creador no caería en la trampa de considerar como rival a una criatura angelical como Luz-Bel. La pelea no sería pareja. Y Dios no se mancharía las manos tampoco…pero como Él todo lo sabe, sabía cuál sería la estrategia que implementaría su venganza contra el adversario.
Por un lado, el diablo le propuso al hombre un trueque, conocer la otra cara del bien—conocer el mal.
Si me das tu señorío sobre la tierra, te enseñaré lo que es el mal, las tinieblas, el odio, el rencor, la malicia, el pecado y la muerte—parece haber propuesto el malvado.
Por otro lado, el hombre en su inocencia aceptó gustoso de descubrir algo nuevo y cambió lo más por lo menos.
Dios por su parte, con mucho dolor pero con paciencia Divina, envió a Su Hijo Unigénito. Vestido de carne y naturaleza humana…hecho poco menor que los ángeles, igual que nosotros…y peor aún. Si un esclavo era vendido por 30 piezas de plata, permitió que a Su hijo se le vendiera por 20 piezas de plata, el precio justo por un esclavo tuerto, cojo, viejo, enfermo o con antecedentes criminales.… Lo trataron y maltrataron como a un criminal. Fue contado entre los pecadores. Con violencia y con juicio fue arrancado de la tierra de los vivientes (Ref. Is. 53:8-9). El castigo de nuestra paz fue sobre Él…le dieron el castigo de los malditos con maldición maldita. Tres veces trece…39 azotes. Hasta dejarlo como una yaga, desde la coronilla de su cabeza hasta las plantas de sus pies.
Jesús vino a buscar y salvar lo que se había perdido. No dice al que se había perdido, sino lo que se había perdido. Sabemos que el hombre se perdió. Pero, ¿Qué fue lo que se perdió?
En el trueque antes mencionado, el diablo adquirió el derecho de ser señor, príncipe y autoridad de la creación. Derecho que Dios le había otorgado al hombre. El enemigo estableció un reino de tinieblas, se autonombró dios de este siglo. Se autonombró dios de las tinieblas, pero esa autoridad, no la recibió de Dios, la usurpó bajo engaño y perverso abuso de malicia y ventajosa artimaña.
Dios ya tenía el plan, no solo de recuperar Su gloria y Su poder sobre toda la creación, sino de restaurar al hombre. En Cristo Jesús se ejecutaría el plan de restauración de todas las cosas.
El Señor Jesús el mismo día que sería entregado le dijo al adversario: Ahora es el juicio en este mundo; ahora el príncipe de éste mundo será echado fuera (Juan 12:31).
En el mismo día Jesús hablando con Sus discípulos acerca de la promesa de no dejarlos solos y enviarles al Consolador, les dijo que el Espíritu Santo convencería al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado en cuanto no creen en Jesús; de justicia, por cuanto Jesús va al Padre, y de justicia, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado (Juan 16:8-11).
Y en la cruz del calvario, el Señor Jesús, despojó y exhibió públicamente a todo principado y potestad triunfando sobre ellos (Col. 2.15).
Dios Padre confirmó y dio el visto bueno al declararnos por revelación que resucitó a Jesús de entre los muertos, sentándole a Su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero, y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo…(Ef. 1:20-23).
Jesús vino declarando, predicando y proclamando el Reino de Dios, con la pasión que lo hizo, porque vino a erradicar el reino de maldad del usurpador, que con engaño arrebató la herencia de Dios para el hombre y la mujer.
Ahora nosotros tenemos la restitución de todo lo que nos quiso robar. Y tenemos en Cristo Jesús la autoridad para poner nuestro pie sobre su cabeza. Y aunque somos poco menores que los ángeles según el Salmo 8:5, pero Dios en Su gracia nos ha coronado de gloria y de honra, sometiendo en Su nombre a todo principado, potestad y dominio de maldad.… ¿no es esta una deliciosa y dulce venganza? Dios Padre logró Su plan…fue el Hijo del Hombre quien le arrebató al diablo la autoridad que le había robado al hombre.…
Jesús en el relato de la misión de los setenta, los envió y les dijo a la casa o ciudad que entréis y os reciban…sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el Reino de Dios (Luc 10:8-9).
Por tanto, el Reino de Dios tiene que ver con traer la voluntad de Dios, la luz, el bien, la paz, la armonía, el amor y el gozo a la vida y a la familia de los que han sido oprimidos por el que se llamaba rey de este mundo, quien solo ha traído mal, tinieblas, odio, rencor, malicia, engaño, mentira, corrupción, pecado y muerte.
La pasión arde en nuestras entrañas ahora mismo al reflexionar acerca del amor y de la ayuda de Dios vs. el daño que el maligno nos ha causado. Y miles van ciegos hoy sin saber la buena nueva que el Reino de Dios se ha acercado a nosotros.
La pasión de Jesús, la gracia de Dios, el Dios de la venganza.… Su grande amor por el hombre, víctima del engaño, nos impulsa a IR.… No mañana, no la próxima semana. Sin más dilación.
¡El desafío es ir hoy!
Aída M. Leyva esta casada con el Obispo Manuel Leyva y tienen cuatro hijos. Sus estudios incluyen haber obtenido una Licenciatura de la Universidad de Culiacán en México. También estudio en el Seminario Bíblico Mexicano—SEBIME en Hermosillo, México, onde recibió su Bachillerato. Además, recibió una Maestría en Divinidades de la Escuela de Teología en Cleveland, TN. Junto a su esposo ha servido en el pastoreado, en misiones y en la enseñanza, tanto en México como en Ecuador. La pastora Aída es solicitada para ministrar en la enseñanza, la predicación y en conferencias. Actualmente esta pastoreando, juntamente con su esposo y sus hijos, la Iglesia de Dios en Lodi, California.
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